perfumabas
mis manos
con el
aroma de la azucena
escribiendo
en mis dedos:
¡te
quiero morena!
Cinco
pinzas entre mi pelo
y ese
mirar tan especial
eran
poemas del cielo
que me
llevaron a temblar.
Mis
dedos por tu rostro
buscaron
tu boca afrutada
y tus labios anhelosos
mordieron
los míos
en veredas
amariposadas.
Aliento
disipando tu sonrisa
Recorriendo
vacios y espacios.
Esa
calidez bajo tu camisa
Me
arrojaron a tus brazos
Rodeándome
mi cuerpo con avaricia.
Exploraste los senderos
Sigiloso
;al acecho,
Saciándote
en los bebederos
Refugiándote
en mi lecho .
Jinete
en mis montes;
libremente
galopabas
con la Textura
del horizonte
y bajo
las sabanas te recreabas.
Fueron :pinceles
que colorearon
En el
lienzo de mi vientre
Alondras
que revolotearon
Por mis
lunas crecientes.
Descendieron
hasta las profundidades
De mis
mares , mis océanos, mis playas.
La
esencia , la naturaleza de las entidades
Lucharon
hasta caer sus muros y vallas.
Culminamos
en sosiego
Dos
cuerpos en uno.
Las
piezas de nuestro juego,
Encajaron;
no perdimos ningunos.
ANTONIA
CEADA ACEVEDO

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