miércoles, 18 de septiembre de 2013

A una mujer madura

A una mujer de cuarenta años
de mirada segura y adivina,
no se le puede fingir, inventar, mentir...
A ella no le importa que le disfracen sentimientos,
por que  sus caricias son de fuego y los destruye.

Una mujer madura salpica melosidad  en el tacto
cuando recorre con su experiencia el verbo.
Se titula de señora, pero alma de adolescente
Por que rejuvenece en cada vuelo,
En cada noche de insomnio
Donde los recuerdos  rodean  su cintura.

una mujer madura desprende aroma
con sus pasos aventureros, fuertes y firmes.
Regala noches excéntricas,
De rojo carmín y lunas llenas.
En sus brazos no hay desengaños
Por que a  todos los parió.

Una mujer madura luce su cuerpo sin miedos,
Desnuda sus ansias en cada beso,
Su belleza es intacta en el tiempo
Y con una palabra delicada llega a la perfección.
Agradece cada flor, cada minuto, cada sonrisa
Con ternezas únicas que la hacen sólida.

Amar a una mujer madura, ay Dios,
Es mantenerse en el cenit
En  lo especial  de la existencia,
Abrazado... a la paz, a la armonía en libertad.


Con libertad...libertad.



 Antonia Ceada Acevedo











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