El amor me salía por los
ojos
Y la brisa temblaba de
celos
La luna grande ;alma de
los cielos
Y mi corazón, de amadora,
en rojos.
Rojos eran también mis
labios de antojos
En un dulce besar como
caramelos
Brillantes de bien en transparentes velos
Al dar la verdad, y saber de otros flojos.
Así fue y será mi amor aventurero
Como llega el día tras la
infinita noche
Llegara en vida con cada sol en el futuro.
Dentro del bien seré un
resplandor lisonjero;
Sangrare pasión a tierno
derroche,
Irradiando calor y cariño maduro.
Antonia Ceada Acevedo

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