A veces llora, tras los cristales cantores
donde, un día, la miró dándole la espalda.
Sus manos sin razón levantan su fría falda
inventando sueños
peligrosos y mayores.
A veces roba, constante y sonantes dolores
prosigue ahí, sin saber nada de talma
buscando palabras mudas que se respaldan
en telones de recuerdos
encantadores.
A veces es elmiedo, en tierras de valores,
que sin saber, lo reduce; lo desalma.
Calla, y en secreto como
pájaro en jaula
la busca entre los cielos de males mayores.
A veces…
Antonia Ceada Acevedo


