En esta dimensión
cronológica
donde la historia nos describe
hay tierra árida, rocas yermas.
Pero, poéticamente se transforma
en un árbol robusto de cordura
que el polvo nunca ha de cubrir.
Ay,tiempo que entra en la morada
a enamorar a los huesos del alma
que tiemblan bajo la piel de la tarde,
y sin límites, se trasforman
en colinas de margaritas.
Es el canto del cantor doliente
cuando ni fe, ni credo, ni doctrina
cruzan el desierto de
este espacio.
Y en el cansancio de la vida,
la tristeza, como inerte materia,
más, con corazón de pájaro…
Ira a reposar a nidos de palabras.
Antonia Ceada Acevedo ©

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