Las manos, sublimes mariposas,
pueden atrapar al viento.
Y en las playas de esta vida
siempre acarician su puerto.
Largos y hondos los abrazos,
aferrándose a mis
pechos,
como el otoño somnoliento,
para luego derramarse,
lentamente,
en mi alma, espíritu; en mi cuerpo.
Antonia Ceada Acevedo

No hay comentarios:
Publicar un comentario