Olvidarte no es tan fácil como amarte.
Yo tu amadora
fiel y tu mi enemigo;
resistiéndote
a mí, a ti, a ellos; conmigo,
hasta que el viento se lleve tu estandarte…
En mi carne tierna, muda sellaste tu placarte.
Desafiar al sino, a la suerte ,fue mi castigo,
más para tus inviernos no encontré abrigo
Y de mi alma marchita tengo que arrancarte.
Gracias ,gracias por dar fin a esta historia,
esa condena no era mia,no me pertenecía,
puse punto a ese pregón en esa apología
agradeciendo a mi Dios su comendatoria.
terminé el último renglón con acidimetría:
adiós al pasado y
armoniosa mi memoria
ANTONIA CEADA ACEVEDO

No hay comentarios:
Publicar un comentario