Agua que cae de la bóveda cobalto
¡Con que placer te aprestas
a calmar!
Más aquí los injustos
te privatizan
Y le ponen coste a la
sed. Acotan el mar.
Sol que urges con tus
solidarios rayos
E iluminas; oscura salmas;
vidas al pasar
Aquí tu valía se mide
en impuestos
Y grisáceas
nieblas ocupan tu lugar.
Tierra que paramos,
suelo ofreces
Para esculpir, arar, regar y sembrar
Aquí tu importe resta
para construir,
Suma para convivir, compartir, anidar.
Aquí todo, tiene precio, vale dinero;
Esa pieza golosa que sólo es metal.
Cuesta, la sonrisa inocente de un niño,
El llanto de la vejez en su soledad.
Antonia Ceada Acevedo ©

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