Dilatados los
pálpitos del infortunio,
amanecen colores no inventados
y en el medio de la nada,
árboles
de generosidad infinita, fieles a estar.
-¿acaso no veis que
ellos dan frutos
sin pedir privilegio alguno?
-¿Quiénes invierten
en quimeras?
Ignotas las voluntades de saberes
cuando el hastío, es el ropaje de hoy,
financiar los sueños poco
atañe
a este lupanar de ansiosos renovados.
Antonia Ceada Acevedo

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