Esperar, esperar, esperar…
Permanecer en la
distancia del miedo
enfriando la piel, las carnes, otro enero
Y es el tiempo,
rufian, quien se divierte
cuando juega a
esconderse con la suerte.
Esperar, esperar…
Aguardar, la lluvia, en los caminos del adiós
abrazados a la
gloria de algún semidiós…
la luz de una sonrisa
ya no podrá responder
a un paseo, de su
brazo, por algún atardecer.
Esperar…
Nadie merece
desesperar unos sueños añil,
Y es que no hay flor, rota, que dure dos abril…
Antonia Ceada Acevedo

No hay comentarios:
Publicar un comentario