Se encontraron de rojo y
negro en una tarde gris.
-Que coincidencida,
venimos vestidos de los mismos colores-
Dijo él.
Aquella tarde, de enero,
bajo el frio, tomaron su primer y último café.
La tarde reclamaba atención, el aire
contaba historias de ficción.
El, era timido,
palido, asustado…
Llego recién herido,y le costaba
hablar de su guerra.
Ella, cargaba en su bolso
un cuadernillo de vida escrito con la tinta del error, con la pluma de la utopía.
Uno y otro resumieron sus pasados,
finiquitándolos con puntos suspensivos detrás de las palabras dolor y pasión.
Ella, pensó: derrama dolor,
algo aburrido, pero necesita ayuda.
Intercambiaron poco en
aquel primer oscurecer.La noche llegaba y cada uno tenía que volver a su
sendero.
Se despidieron
educadamente bajo una farola en aquella ida que esperaba el devenir…
-¡ya nos veremos!
Dijeron al unísono.
Aquella tarde se subrayo en mayúsculas bajo el titulo Dos universos paralelos.
Aquella tarde se subrayo en mayúsculas bajo el titulo Dos universos paralelos.
A veces, tras la ventana
del crudo invierno, paseaban charlas, liras, sonrisas, algo de filosofía pobre,
arpegios, consejos, algún bostezo, sugerencias, y un hasta mañana.
A ella le gustaba
compartir su pan, su vino portugués con letras de fados...
En un ocaso ,también subrayado,ella,Soledad,rebuscando
en sus despensas hayo la mejor harina que guardaba, una levadura que crecía si
se destapaba con el abismo , y amaso...
Amaso en la incertidumbre, un pan; receta única, exclusiva que guardaba desde antaño y se lo ofreció a él para probarlo…
Aquel pan era otra señal
que ofrecía el presente para indicar el futuro que fluye en una sola dirección,
que va a una sola meta, el tiempo…en crónicas,en notas y claves de sol.
Aquel pan era difícil de digerir,
pero tierno como la libertad duramente conseguida…
Aquel pan era la
respuesta al frío en los huesos que causa las primeras lluvias de la primavera.
Fue una noche iluminada
cuando al fin se miraron a los ojos y ella reconoció aquella sonrisa de inmediato,
mientras el elevador de las almas, bajaba lenta y sutilmente a la realidad…
¡Que realidad más soñada
dijo ella…!
Que bonito poder escribir a la alegría,dijo el...
Que bonito poder escribir a la alegría,dijo el...
Pasó, como siempre, el segundo que te obliga a cerrar el día, pasó el silencio, pasaron los obstáculos, las indecisiones,
el miedo, las dudas y poco a poco el dolor.
En una luna de abril,
ella, que si veía porque tenía oídos, supo sorprender a él con su rosa más
blanca y marfil…su esencia, su ausencia…su eco...
El la dibujo en decoros,
la admiro, la protegió de sí mismo, le coloco una alfombra roja a sus pies
gastados…
- algo entendió…
- algo entendió…
Mas otra vez el viejo
silencio que confunde la melodía de las aguas de los ríos con el sonido crudo de los mares en tempestad…
Todo el escenario se apago
y ella entre telones sombríos buscaba locamente la luz de su sonrisa, pero
jamás se le acerco el rostro de la escarcha…
-Tu melodía me queda grande ,dijo el.
-Tu melodía me queda grande ,dijo el.
Un día unas sabanas
tendidas al sol, le dio la respuesta, una visión, una intuición como de mujer por
derecho a mujer derecha.
Aquel día a ella se le
apagaron las estrellas de su universo y un sueño se encerró en una jaula asustado,
alimentándose de la cicuta de la tristeza…
Se encubrió en los libros,
desesperando en lunas llenas.
El estío ablandó su mente,
le brindo la posibilidad de liberarse de la tristeza a base de carcajadas con
esas cosas que ayudan a vivir, y después de cenar, fue digiriendo su
voluntariedad, mezclada con la necesidad de sentir que alguien nos piensa.
Y ofreció ,de nuevo ,pluma y tinta a los
otoños de sus años gastados que tenían que venir.
Voló.
Volaron en universos paralelos
la MÚSICA y EL POEMA.
-¿Qué sería de la música sin
el poema?
Ellos que se encontraron de rojo y negro en una tarde gris…
Antonia Ceada Acevedo

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