Una rosa de sal que se
mira al espejo
donde algunas arrugas emancipadas
se entregan, fielmente,
al complejo.
Una tempestad en la calma
esperada.
Y te afianzas a tu personalidad
Y a la seguridad que da la experiencia.
Pero , el mar, en la inmensidad...
es de las sirenas; de la adolescencia.
Una rosa de sal que sonríe como el cielo,
Una mirada al pasado casi deformada
Que descubre hilos de azúcar en su pelo
Y se desnuda, al sol y a la luna, liberada.
Y en las olas de sus mamas marchitadas
Se mece ese amanecer que es su lecho
Y ni apuro, ni prisa entre nubes soñadas.
La propiedad de sus decisiones y un derecho.
Una rosa de sal rebosante de ternura,
Una ola, la mar, la tierra, la sal, las
estrellas;
Todo y más es una mujer…Una mujer madura.
Antonia Ceada Acevedo

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