Sin respuestas llegan las olas blancas
a esta locura de palabras, sin energía
quedan, cuando es tarde para todo.
Desafiando a la mala suerte de no saber
de aquel velero que se fue a navegar
a otro mar de amaneceres en calma.
Sin miradas donde ahogar la fe, la razón
voy descubriendo el rumbo a la soledad
donde encontrarme bien, libre, pretendo.
En la cabuya, los sentimientos atados
almacenando besos de sal, desahuciados
que nunca encontraron buen puerto .
En esta arena dejo mi carcomida quilla
para el descanso eterno de las gaviotas.
Antonia Ceada Acevedo

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