Luna roja
que te creces en la soledad
Y no alcanza la
plenitud de la alegría.
El río remojo las orillas que dan a la herida.
Olvidamos,
encima del mar, secarse la luna
como perezosas
gaviotas de luz y de nieblas.
Duérmete luna,
vuelve a tu cuerpo, descansa...
hay que no
sentirse sola, te libras de tu pócima.
Antonia Ceada
Acevedo ©

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